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Descubre el argumento principal del Mahabhárata

Publicada el lunes 21 de mayo de 2012
En el post anteriorEste enlace se abrirá en una ventana emergente os introducíamos de mano de Álvaro Enterría en la historia de Mahabhárata, con un resumen sacando de su libro ‘La India por dentro: una guía cultural para el viajero’. En esta ocasión nos vuelve a ceder un texto para que conozcamos un poco mejor el argumento de esta gran epopeya.
El rey Pandu se hallaba cazando en los montes en compañía de sus dos esposas. En cierta ocasión disparó una flecha contra un ciervo que se estaba apareando con su hembra. Antes de morir, el ciervo, asumiendo voz humana, le maldijo diciéndole que él también moriría cuando se acercara a su mujer con deseo. Asustado, Pandu decidió renunciar al mundo y se quedó en las montañas siguiendo una vida de castidad.
Pero el deseo de descendencia le atormentaba. Su mujer Kunti recordó entonces que un rishi le había dado en cierta ocasión el poder de invocar a los dioses y engendrar hijos con ellos. De esta manera nacieron Yudhistira del dios Dharma, Bhima de Vayu y Arjuna de Indra. Después su coesposa Madri tuvo a Nakula y Sahadeva de los dioses gemelos Ashwins. Pandu, enormemente satisfecho con sus cinco hijos, olvidó la maldición y, un día en que se hallaba a solas con Madri, vencido por el deseo, yació con ella y murió instantáneamente.
Cuando Pandu se retiró al bosque, su hermano Dhritarashtra se hizo cargo del trono a pesar de ser ciego de nacimiento. Tuvo cien hijos de los que Duryódhana era el mayor, si bien el heredero legítimo era Yudhistira, el hijo de Pandu, que había nacido con anterioridad. Al morir Pandu, su mujer Kunti volvió a la capital, Hastinapura, con los cinco Pándavas (hijos de Pandu). Yudhistira, el mayor, era sobrio, inteligente y de una gran rectitud, aunque a menudo indeciso y débil. Era el jefe del clan y sus otros hermanos le obedecían en todo.
Bhima tenía una enorme fortaleza física. De tempe¬ramento ardiente, era noble de carácter aunque no destacaba por su inteligencia. Arjuna era apuesto, generoso, orgulloso y valiente. Manejaba el arco con extrema habilidad y representa el guerrero ideal. Nakula y Sahadeva, sus hermanos pequeños, eran de una gran belleza física, pero su protagonismo en la obra es bastante limitado.
Educados junto a los Káuravas (los hijos de Dhritarashtra), los Pándavas destacan en todos los campos, lo que despierta la envidia de Duryódhana y sus hermanos, que en varias ocasiones intentan matarlos. En cierta ocasión son enviados a un palacio lejano al que posteriormente prenden fuego. Los Pándavas logran escapar y pasan una temporada de incógnito, disfrazados de brahmanes. Habiendo oído de una competición organizada para selec¬cionar un marido para la princesa Dráupadi, deciden presentarse, y Arjuna vence con facilidad a todos los participantes, incluido Duryódhana. Al volver a su casa con la princesa, llaman a su madre Kunti: “Madre, mira lo que hemos traído hoy”. Ésta responde sin mirar: “Sea lo que sea, repartidlo entre los cinco”. La palabra de una madre, que jamás había mentido, debía ser cumplida, por lo que Dráupadi se convierte así en la esposa común de los cinco Pándavas, lo cual no era usual en absoluto. A continuación conocen a Krishna, primo suyo por parte de madre, que será en adelante su amigo y protector. Aconsejado por Bhishma, el sabio patriarca de la familia, el rey Dhritarashtra intenta hacer las paces con los hijos de su hermano Pandu y divide el reino en dos partes, que son otorgadas a cada una de las dos ramas de la familia. Aunque reciben la parte más pobre y árida del reino, los Pándavas logran transformarla y construyen una majestuosa capital, lo que provoca de nuevo la envidia de Duryódhana.
Autorizado por su padre el ciego y de débil carácter Dhritarashtra, que no se atreve a oponerse a los deseos de su hijo, Duryódhana invita a Yudhistira a una partida de dados con su tío Sakuni. Yudhistira, de gran entereza moral pero con una gran debilidad por el juego, acude a la partida, donde pierde frente al tramposo Sakuni su riqueza, su reino, a sus hermanos, a sí mismo y finalmente a su mujer Dráupadi. Ésta es objeto de grandes vejaciones e insultos frente a toda la corte, ante lo cual Bhima jura matar a Duryódhana y a su hermano Dushásana que ha insultado a Dráupadi. Asustado por los acontecimientos, Dhritarashtra devuelve a los Pándavas su libertad y su reino. Pero de nuevo Duryódhana requiere a Yudhistira para una nueva partida de dados, en la que el perdedor deberá entregar su reino y partir en exilio al bosque durante doce años, más uno de incógnito en alguna ciudad. En caso de ser descubiertos en este último año, deberán pasar otros doce años de exilio. Yudhistira considera que su honor le exige acudir, pierde de nuevo y tiene que retirarse a los bosques con sus hermanos y su mujer común. Allí permanecen durante doce años, durante los cuales viven como ascetas, visitan a sabios que viven en soledad y realizan numerosas hazañas. Finalizado este periodo, pasan un año de incógnito en la corte del rey Virat, realizando cada uno una tarea distinta. Su identidad no es descubierta más que al término del año prescrito.
Yudhistira pide entonces a Duryódhana que le devuelva la mitad del reino que les pertenece. Obcecado por el odio, éste se niega en redondo. Krishna va en embajada de paz, en un último intento de evitar la guerra fratricida que se adivina, y anuncia que los Pándavas se contentarán con cinco pueblos. Dhritarashtra, Bhishma y los nobles de la corte, que ven acercarse el desastre, intentan convencer por todos los medios a Duryódhana, mas éste no acepta ningún compromiso. La guerra es inevitable.
Por las dos partes se hacen los preparativos de la guerra. Cada uno reúne a todos sus aliados con sus ejércitos, que finalmente se concentran frente a frente en la llanura de Kurukshetra, a 150 km del actual Delhi. Según el Mahabhárata, en la gran guerra se enfrentaron ¡4.723.920 soldados de infantería, 393.660 carros de guerra, 393.660 elefantes y 1.180.980 caballos!
Inmediatamente antes de empezar la guerra, Krishna, que toma parte en la batalla como conductor del carro de Arjuna, le expone a éste las enseñanzas espirituales que forman la Bhágavad Guita, verdadero resumen del hinduismo; este será el tema del siguiente capítulo.
Fijadas las reglas de la guerra, que se saltarán sin embargo a veces en el calor de la batalla, ésta empieza por fin y dura dieciocho días, durante los cuales se enfrentan una y otra vez los grandes guerreros de los dos bandos, demos¬trando sus proezas y habilidades en heroicos encuentros narrados con gran detalle. Tras un principio desfavorable para los Pándavas, pronto la suerte se vuelve de su lado y la guerra termina con su victoria y la muerte de Duryódhana y casi todos sus partidarios. Unos cuantos supervivientes de los Káuravas incendian el campo enemigo por la noche, con lo que solamente sobreviven a la terrible guerra diez personas.
Yudhistira es coronado rey, pero la amargura se ha adueñado de él. Dhritarashtra, junto con su mujer y Kunti, madre de los Pándavas, se retira a los bosques a seguir una vida de meditación. Tras 36 años de próspero y pacífico reinado, el nieto de Arjuna, Parikshit, único descendiente con vida de la familia, es colocado en el trono y los cinco hermanos Pándavas junto con Dráupadi se retiran al Himalaya. Finalmente, ascienden al monte Meru, morada de los dioses, camino del cielo. Uno a uno, todos los hermanos excepto el mayor van cayendo debido a las faltas que habían cometido en sus vidas. Al final, Yudhistira, acompañado por un perro llamado “Dharma”, alcanza las puertas del cielo donde es invitado a entrar. Pero Yudhistira se niega a entrar sin el perro que le ha acompañado fielmente hasta allí. Finalmente el perro es también aceptado, y Yudhistira penetra en el cielo, donde se encuentra con sus hermanos, e incluso con Duryódhana, cuyas faltas han sido parcialmente redimidas por su valor como guerrero.
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